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Del MVP al MLP o cómo enamorar a tu usuario desde la primera cita

Deja que te cuente cuál es el siguiente paso para conseguir el mejor producto digital posible. Deja que te cuente cómo pasar del Minimum Viable Product al Minimum Lovable Product.

Todos los que trabajamos en tecnología conocemos el concepto de MVP (Minimum viable product o Producto mínimo viable, en español). Esta pieza clave de las nuevas metodologías ágiles, se define como “un producto con suficientes características para satisfacer a los clientes iniciales, y proporcionar retroalimentación para el desarrollo futuro”.

Se tratará de la versión más reducida (una o pocas funcionalidades básicas) de un producto real que puede liberarse. Y deberá aportar suficiente valor a los usuarios iniciales para que estos lo adquieran. De ellos se obtendrá feedback (a través de diversas fuentes: adquisición del producto, opiniones, métricas de uso…) con el que mejorar dicho producto y hacerlo crecer ajustándose a las necesidades reales de los usuarios.

Esta técnica de desarrollo, que popularizó Eric Ries, autor de Lean Startup, ha sido ampliamente adoptada por el resto de metodologías ágiles, especialmente Scrum, llegando a un modelo de desarrollo iterativo en el que se hacen pequeñas entregas, se validan y se mejoran. Todo esto sin dejar de avanzar hacia la visión final del producto. El MVP ha optimizado el desarrollo y lanzamiento de nuevos productos digitales abaratando costes y dotando a los equipos de desarrollo de mayor capacidad de reacción.

En resumen, el MVP tiene muy buenas intenciones y es una técnica:
¿Barata? Sí.
¿Rápida? Sí.
¿Que genere grandes productos? Normalmente no.

MVP

Imagen de InReach Solutions

¿Qué le pasa al MVP?

Partiendo de ese mínimo viable, se dejan fuera de la definición del producto y su propuesta de valor aspectos que van más allá de lo funcional y que afectan críticamente a la experiencia de uso, llegando en los peores casos a ser la excusa para liberar versiones muy mejorables del producto.

El MVP se centra en dos aspectos:

  • “Fallar pronto”, llevado al extremo.
  • Las funcionalidades como el centro de todo.

Pero el fallo está en que es un planteamiento incompleto. Olvida que un producto no sólo tiene que funcionar (sin eso falla apaga y vámonos), si no que tiene que enamorar a quien lo use.

Salvo excepciones que hagan algo único, cosa que no dura mucho, “funcionar” no es suficiente. Ya hay miles de productos que funcionan (si tienes hambre, una lata de comida para gatos funciona, pero no repetirás). Un producto debe ir más allá: tiene que enamorar, emocionar, enganchar a los usuarios. Estos esperan productos que alcancen sus estándares de calidad. Y en el mundo digital, donde todo es competencia de todo, estos estándares los marcan Apple, Netflix, Instagram, Twitter, AirB’n’B… Y, de alguna manera, serás comparado y competirás con ellos.

Y así es como llegamos al…

MLP

o Minimum Lovable Product (MLP), que puede definirse como “la versión de un nuevo producto que recibe la máxima cantidad de amor de sus primeros usuarios con el mínimo esfuerzo”. Y deberíamos entenderlo como una evolución del MVP.

Este concepto fue propuesto, por primera vez, por Brian de Haaff (en 2013) y luego ampliado por Laurence McCahill a finales de 2014 en una charla del UX Café de Londres, que a su vez convirtió en un post.

Para poder llegar al MLP necesitamos tener una propuesta de valor bien definida, entender a nuestros usuarios potenciales y conocer cuáles son sus necesidades. Y resolver al menos una de manera brillante. Si conseguimos eso, tendrás un cliente enamorado. Habrás entrado en su cabeza (su top of mind) y te buscará para que le soluciones el resto.

Imagínate una primera cita. ¿Quieres causar una buena impresión? No. Quieres que la otra persona flipe contigo. No ser uno/a más. Que vea algo en ti que le enganche, se meta en su cabeza y haga que piense… “Quiero repetir”.

Con los productos digitales pasa igual, pero con mayor crueldad incluso. Los usuarios van a decidir rápidamente si tu producto les gusta o no. Y si lo descartan es casi seguro que no volverán. Lo podéis ver en los múltiples estudios que demuestran que la mayoría de apps instaladas en nuestros teléfonos acaban olvidadas en cuestión de días.

Debemos crear productos que emocionen

Tenemos que entender que cada entrega que hagamos, cada nueva versión de un producto, es una oportunidad de lujo para impresionar y enamorar a nuestros usuarios (esa cita que decíamos).

Y es aquí donde el diseño (uno de los grandes perjudicados por los MVP) puede aportar ese valor diferenciador. Basta con echar un vistazo a compañías centradas en el usuario desde el diseño (las Apple, AirB’n’B o Netflix… que mencionaba antes) para entender que estamos ante el elemento diferenciador y que son productos en los que el impacto emocional en los usuarios se tiene en cuenta a la hora de definir cualquiera de ellos.

Mirad este ejemplo de MVP vs MLP

Es comida. Es dulce. Podríamos considerarlo igual, pero, por razones obvias, la imagen de la derecha parece más apetecible. Su primer impacto es mayor. Transmite sensaciones diferentes. Y esto que es una ventaja diferencial se debe aplicar a los productos digitales.

Hacer un MLP puede ser algo más costoso en esfuerzo y tiempo que un MVP. Pero con una buena investigación que ayude a aflorar los fallos, a la larga será mucho más beneficioso porque nuestro producto se percibirá como más completo, aportará más valor y tendrá más engagement con nuestros usuarios.

¿Y ahora qué hacemos?

Es necesario un cambio de mentalidad para poder competir contra las grandes tecnológicas y el resto de amenazas que tenemos por delante.
Tenemos que dejar de afrontar el diseño de productos centrados sólo en una de las capas del mismo para avanzar verticalmente hacia un nuevo enfoque donde atacamos todas a la vez, aportando el valor de cada una desde el principio, y haciendo hincapié en el impacto emocional y deleite de uso.

MVP _ MLP

En resumen, si las empresas y sus productos quieren sobrevivir el MVP no es suficiente. Es necesario evolucionar hacia el MLP. Ese es el futuro.

Fuente de las imágenes: Artículo de Medium

Fuente de la imagen principal: Pexels

Las opiniones vertidas por el autor son enteramente suyas y no siempre representan la opinión de BBVA Next Technologies.

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