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Protección de Datos: Consejos vendo que para mí no tengo

“Si a la salida del cole un extraño te ofrece caramelos y te pregunta cómo te llamas, no cojas nada y no hables con esa persona”.

“Cuando vuelvas de clase si alguien te sigue, entra en la tienda más cercana y espera que vayamos a recogerte, que esa persona no vea dónde vives”.

“Cuidado con las redes sociales, no pongas tu móvil porque a saber quién te puede localizar después”.

Así podríamos enumerar cientos de ejemplos que, desde tiempo remoto, nuestros padres nos han repetido hasta la saciedad para evitar un mal superior: que nuestro nombre sea utilizado para suplantar nuestra identidad, que unos ladrones se hagan con nuestra dirección, o que nuestro número de móvil acabe en malas manos y sea víctima de algún problema.

Pues bien, la teoría está clara y todos nos la sabemos, pero ¿qué pasa cuando las personas que deben velar por nuestros datos son los que descuidan esa protección?.

Los ejemplos enumerados los entendemos, sin embargo, la mañana del 7 de enero cuando tiramos las cajas de los regalos, embalaje del roscón de Reyes y basura acumulada por las comidas festivas, podemos encontrarnos (caso verídico) la hoja con los resultados de un test de antígenos del hijo menor de nuestro vecino. Nombre, apellidos, edad, resultado de la prueba, número de la tarjeta sanitaria y domicilio incluido, el pack completo intacto y sin un rasguño.

La mayor protección de datos: la responsabilidad individual

¿Qué pasa si se acerca una persona por la calle y te pregunta dónde vives? ¿Se lo dirías? ¿Y si te pide el teléfono móvil de tu hijo y que le digas si el niño ha cogido el COVID o no? Imagino vuestra respuesta y eso me lleva a reflexionar en lo siguiente: ¿por qué insistimos en regalar información que en situaciones como las descrita, jamás facilitaríamos?

Actualmente las normativas sobre el tema están en boca de todos, unas veces por velar por su cumplimiento y otras por la incomodidad de cumplir con ellas. Leemos artículos casi todas las semanas sobre multas de la Agencia de Protección de Datos. Google, Facebook o Amazon nos proporcionan cotilleos sobre ello de manera recurrente y, como suele pasarnos con todo, lo vemos lejano y algo que no nos va a ocurrir.

Para celebrar el Día Internacional de la Protección de Datos os adelantamos que sí, os puede pasar. De hecho, a medida que se indaga, son más las personas que interponen denuncias a la agencia o han recibido alguna multa, de particular a particular. Algunas por actos tan “simples” como el de no romper una carta, dejar documentación con datos personales del trabajo encima de la mesa de casa de algún amigo sin querer o colocar una cámara en el interior de tu vivienda (por tu seguridad) que, sin esperarlo, graba también la terraza del vecino y lo descubre.

 ¿Cuánta información confidencial creas o gestionas en un solo día?

Actualmente, hemos llegado a un punto en el que es tan fácil hacer una foto en la calle, como recibir una multa por el mismo hecho. Ahora, casi todas las personas que transitamos por las ciudades, comunidades de vecinos, bares, tiendas, etc. portamos una cámara de vídeo y de fotos en nuestro dispositivo móvil. Hoy en día, publicamos dónde estamos y con quién a cada momento. Lo habitual en estos tiempos es enviar en cadena la última actuación de nuestros hijos, así como publicar en todas las redes posibles lo guapo o guapa que está el niño en la playa, o, directamente “chillar a los cuatro vientos” que somos los propietarios de una nueva casa en Honolulu. No tenemos inconveniente en indicar en estados de whatsapp o similar qué vivienda es, pero oye…tapando el número de piso, no vaya a ser que adivinen dónde está (ojo que en las fotos se ve hasta el peatón cruzando por la avenida pero, por si las moscas).

En resumen, vivimos entre realidad física y virtual con un porcentaje de creencia igualitario entre pensar que la protección de datos es exagerada y que los organismos no hacen lo suficiente por proteger nuestra intimidad. Si las compañías, entidades, profesionales especializados en el sector, las normativas estatales y europeas, así como cualquier tercero dedicado a velar por la seguridad de tus datos hace todo lo posible por implementar medidas que eviten que un desconocido conozca tu información, es de esperar que cada uno haga lo propio para que se cumpla la normativa. Por tedioso que nos resulte cambiar una contraseña o firmar un consentimiento de una página web, es eficaz, así como otras tantas prácticas que suman en pro de nuestra protección de los datos.

No te enfurezcas cuando te llaman por campañas publicitarias si has colgado tu número de manera pública, no eches en cara a la vecina que alerte a la gente de que en tu casa algún ser querido es positivo de Covid si has dejado las pruebas tiradas en la acera de la calle y, sobre todo, no hagas públicos tus datos para después reclamar tu derecho a la intimidad.

¿El mejor consejo en un día como hoy? La privacidad comienza en uno mismo

Pero, como reza el refrán: consejos vendo que para mí no tengo, seguimos lejos de oír noticias así y cambiar nuestras costumbres, por lo que tan sólo queda colgar una foto en Instagram leyendo esta noticia y esperar que acabe calando.

Las opiniones vertidas por el autor son enteramente suyas y no siempre representan la opinión de BBVA Next Technologies.

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